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Home » Artículos » Tú eres tu mayor apoyo (¿o no…?)

Tú eres tu mayor apoyo (¿o no…?)

Por Nuria Velasco.- Cuando reflexiono sobre el concepto de felicidad (concepto muy personal) conecto no con cómo pienso sino con cómo me siento. Todos tenemos una idea sobre lo que significa esa palabra, pero al final, lo que hay detrás de la forma, es la emoción. La felicidad es un estado interno y éste está determinado por las emociones. Según sean unas u otras, tendremos una calidad de día. Nuestra vida es diferente en función de cómo nos sentimos. No sólo nos sentimos diferente, es que filtramos la realidad en función de nuestro estado emocional con lo que nos relacionamos con la vida de una manera distinta. Es determinante para el éxito de las personas su inteligencia emocional, mucho más que su coeficiente intelectual. Fíjate en las personas que consideras que tienen éxito en la vida (de nuevo, un concepto muy personal). Al margen del área de sus logros, sin duda son inteligentes emocionalmente, estables y confiables, ¿verdad? Son sus mejores amigos. Eso, para mí, está ligado directamente a mi concepto de felicidad.

Problemas, situaciones, pérdidas o dudas podrán aparecer siempre en nuestra vida. Habrá enfados, tristezas, frustraciones, rabias o envidas. Ninguna vida se supone que tenga que carecer de todo eso. Todo lo que nos parece “negativo” también le sucede a las personas felices.

Entonces ¿cuál es la diferencia entre los felices y los infelices ante una desgracia? Pues entre otras cosas, que han desarrollado o tienen capacidad de automotivación.

Descubre cuál es tu patrón: cuando estás triste o enfadado, ¿qué haces para salir de ese estado?, ¿tardas mucho en salir?, ¿te gusta estar ahí?, ¿te sacas o te sacan de ahí? Los inteligentes emocionalmente saben influir en su estado de ánimo. Y ese estado es fundamente para conseguir o no lo que quieres en la vida. Un ejemplo: si cuando te pasa algo negativo te sueles decir “otra vez a mi”, “siempre me pasa lo mismo”, “¿por qué a mi?” y frases similares, estás contribuyendo a seguir en el pozo. Prueba con “¿para qué he hecho esto?” o “¿qué puedo aprender de esta situación?”. Si nos hacemos mejores preguntas, cambiamos nuestro estado emocional. Hay muchas más formas de cambiar nuestro estado: hacer algo que nos levante el ánimo, tener una imagen mental y visualizarla, salir a la naturaleza, hacer ejercicio, bailar….. ¿Cuál es la tuya?

Hacerlo te dará unas posibilidades increíbles para generar una acción determinada o una conducta diferente. Nos esforzamos más y durante más tiempo si estamos motivados. Si el exterior no nos ayuda, si no creen en nosotros o nos pone obstáculos, tienes dentro de ti un motor auténtico de generación de compromiso, iniciativa, resistencia, tenacidad, optimismo, entusiasmo, persistencia y confianza. Las personas más influyentes de la historia han pasado por todo tipo de obstáculos, vienen de entornos desfavorecidos o tenían ideas imposibles. El entorno o la cultura de ese momento no tenía hueco para ellos, y aún así, han seguido adelante para conseguir sus sueños. Las dificultades no eran una excusa. ¿De dónde les venía esa motivación y esa constancia? De su interior.

Si quieres mejorar algún aspecto de tu vida, vas a tener que dedicarle un tiempo hasta que lo consigas. Si no mantienes ese entusiasmo, no lo lograrás. Y no es algo que se pueda comprar en el mercado: “póngame un kilo de motivación”. Tienes que poder generarla tú. Y para eso tienes que poder cambiar tu estado interno a uno que te permita dirigir tu vida, gobernarla o mejorarla.

Puedes empezar por observar tu diálogo interno. Lo que te dices sobre lo que te ha pasado puede ser mucho peor que el propio hecho. Cuidado con el látigo que usas contigo. Sé más amable y comprensivo: la confianza y la ilusión desaparecen ante las autocríticas excesivas. ¿Qué ganas tratándote mal?

Con esa automotivación, se puede procesar y utilizar de forma productiva las emociones generadas por la situación y recuperarse para seguir avanzando de manera más rápida y eficaz. Decía Napoleón: «Mi grandeza no reside en no haber caído nunca, sino en haberme levantado siempre.»

Eres tu mejor amigo o tu peor enemigo. Siempre.

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

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