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Home » Noticias » Un moho con capacidad para aprender

Un moho con capacidad para aprender

mohoEl Physarum polycephalum se compone de una única célula y está desprovisto de sistema nervioso. A pesar de ello, este organismo unicelular, que puede desplazarse por los suelos del sotobosque en busca de alimento, también es capaz de aprender en pocos días, según demuestran por primera vez científicos franceses en un experimento. El hallazgo arroja luz sobre el origen de esta capacidad de aprendizaje en la evolución y en otros organismos como virus y bacterias.

Un equipo biólogos del Centro de Investigación de Cognición Animal de la Universidad de Toulouse III-Paul Sabatier y el Centro Nacional de Investigación Científica (Francia) ha demostrado por primera vez que el moho mucilaginoso Physarum polycephalum, también conocido como el moho de muchas cabezas, desprovisto de sistema nervioso, es capaz de aprender.

Según el estudio, este organismo unicelular, que puede cubrir superficies que alcanzan hasta el metro cuadrado en el sotobosque y desplazarse en su hábitat a una velocidad de cinco centímetros por hora, logra reproducir una forma de aprendizaje llamada habituación.

“Esta célula gigante demuestra aptitudes sorprendentes como resolver un laberinto, esquivar trampas o aprovechar al máximo su nutrición, pero hasta ahora sabíamos muy poco sobre su capacidad de aprendizaje”, dicen los autores, para quienes Physarum polycephalum es un pariente lejano de plantas, setas y animales.

Para entenderlo, los científicos realizaron un experimento de nueve días en el que confrontaron varios grupos de este organismo eucarionte a sustancias amargas (pero  inofensivas), como quinina y cafeína, que debían atravesar para alcanzar una fuente de alimento. Un tercer grupo de control debía pasar por el mismo camino sin sustancias.

El trabajo revela que al principio los mohos se mostraban reticentes a pasar por encima de estos componentes amargos, pero a lo largo de los días aprendieron que estos eran inofensivos y los fueron atravesando cada vez más rápido. “Al cabo de seis días se comportaron de la misma manera que el grupo que no se enfrentaba a ninguna sustancia”, recalcan los científicos.

El trabajo demuestra así que la célula ha aprendido a dejar de temer y a ignorar una sustancia inofensiva a la que se ha enfrentado varias veces, un fenómeno que los científicos denominan habituación. Después de dos días sin contacto con este elemento amargo, la célula vuelve a su comportamiento inicial de desconfianza. Sin embargo, un moho acostumbrado a la cafeína manifiesta un comportamiento de rechazo hacia la quinina e inversamente.

El hallazgo de esta aptitud en un organismo unicelular, que surgió 500 millones antes que el ser humano, permite comprender los orígenes del aprendizaje que precede a los del sistema nervioso.

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