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Una mirada creativa para le educación del futuro

Por Francisco Menchén Bellón.- Nos encontramos ante un cambio de paradigma, que significa un cambio de mentalidad y una nueva mirada creativa, lo que supone modificar completamente nuestra forma de pensar, sentir y actuar – tres acciones muy distintas -. Tarde o temprano, tendremos que abandonar muchos de nuestros antiguos hábitos y adoptar otros nuevos. Vivimos momentos sociales de grandes descubrimientos, grandes cambios y grandes transformaciones; es el mejor momento para que florezca la Escuela Galáctica, la Escuela Creativa Transformadora, y así recuperar la creatividad, el amor y la alegría de vivir.

Los humanos, con nuestra actitud de indiferencia hacia las posibilidades de los recursos naturales, hemos cambiado el ritmo y el equilibrio de la Naturaleza y hemos perdido la visión más maravillosa de nuestro planeta. No defendemos la Naturaleza, somos la Naturaleza defendiéndose. La Tierra en la que vivimos es un jardín y nosotros somos los jardineros. La vida es el único libro que todos tenemos derecho a escribir, y además escribirlo muy bien, lo mejor posible, con la dignidad que se le supone a cada ser creativo.

Los científicos consideran que la especie humana no puede sobrevivir en un planeta diezmado, que es necesario cambiar el concepto de la Naturaleza, y empezar a verla como un activo vital; recomiendan que es urgente un giro radical, si no queremos encontrarnos con una extinción acelerada de ecosistemas y especies naturales. Como afirmaba VIGOTSKY, precursor de la neuropsicología soviética, “Si la actividad del hombre se redujera a repetir el pasado, el hombre sería un ser vuelto exclusivamente hacia el ayer e incapaz de adaptarse al mañana diferente”

Ante este inminente peligro medioambiental, los responsables del futuro de la educación tienen la obligación de promover políticas educativas con modelos y estrategias didácticas que garanticen el bienestar, el equilibrio y el progreso de la especie humana. Por ello, las nuevas generaciones de estudiantes deben aprender a ser, a vivir con amor, a comunicarse, y a compartir conocimientos y experiencias, con los demás seres que pueblan nuestro planeta.

El ser humano forma parte de una galaxia, y como tal debe recibir una educación acorde; del mismo modo que, un pez aprende a ser pez en el agua; sabiendo que el ser humano, forma parte de una galaxia, debe aprehender a ser lo que es en su lugar natural. En consecuencia, se ha de contemplar que su existencia se debe desarrollar en el planeta Tierra, gracias a la energía que recibe del Sistema Solar.

Desde esta perspectiva, educar para el futuro requiere la confluencia de tres fuerzas: el poder del Universo, la energía de la Naturaleza y la plasticidad del Ser humano. El alumno y la alumna deben aprender a ser lo que son, seres galácticos, seres universales, igual que aprende el árbol a ser lo que es, árbol. Para ello, hace falta una mirada creativa.

El bucle que forman el Universo-Naturaleza-Ser goza plenamente de total garantía, pues esta interacción permitirá que los alumnos y alumnas puedan autorrealizarse y conseguir sus sueños, mediante la consciencia, la energía y la vida. La evolución auténtica de los sujetos se entiende cuando existe un desarrollo conjunto de la autonomía individual, la participación comunitaria y el sentido de pertenencia a la especie humana.

Los docentes con sus discípulos tendrán que desarrollar en las próximas décadas una larga aventura educativa fascinante, que contemplen todas sus dimensiones: humana, social, física, mental, emocional, energética y espiritual. La educación del futuro será todo un arte; exigirá una nueva mirada creativa profunda, e intentará conseguir el máximo esplendor y brillo del cuerpo, la mente y el alma.

Hay que ajustar toda la abundancia de nuestro hábitat, mejorar y comprender el valor de la conciencia ecológica, solidaria y espiritual. De lo contrario se cumplirá la sentencia del escritor MARIO VARGAS LLOSA: “Hemos convertido las escuelas en verdadero caos y las nuevas generaciones están padeciendo por desgracia un experimento que no dio los resultados que se esperaban”

Ante estas circunstancias, solo nos queda una opción: recuperar el idioma de la imaginación, la intuición y la creatividad, que es la lengua de nuestra psique, y propiciar un nuevo estadio de evolución de la consciencia de la especie. Nuestra imaginación y nuestra intuición son los encargados de grabar en la memoria una visión holística de la realidad, la magia de un aprendizaje creativo.

Hay que pensar que en el futuro los niños serán creativos y necesitarán un espacio educativo especial para aprehender a ser ellos mismos, esperando que las generaciones venideras puedan disfrutar de un clima propicio para el desarrollo armónico, holístico y creativo.

Muchas de las cosas que los chicos aprenden hoy en día serán irrelevantes en 2030 porque a la velocidad que llegan los cambios es probable que se produzca una mutación de lo que significan conceptos tan importantes, como ser maestro, ser humano, ser creativo…; dicho de otra forma: Ser lo que somos. Pero debido a nuestro “ego descomunal” nos hemos desarrollado fuera de este contexto y no se ha producido el despliegue de nuestra condición humana esencial.

La Escuela Galáctica se fundamenta en diseñar una educación universal, integral y práctica para la vida gozosa. Los aprendices de este modelo han de reconocer como atributo su humanidad común, y situarse en la complejidad que encierra el cosmos, dentro del entorno natural del planeta Tierra donde conviven sienten y actúan. Esta triada constituye un bucle entrelazado, donde cada uno de ellos necesita de los otros.

La Escuela Galáctica viene a despertar la consciencia, la creatividad y la intuición de los niños y jóvenes, con el objeto de que ellos mismos puedan desvelar su verdadera identidad, y recuperar el poder de su energía vital, como seres energéticos que somos, de tal forma que les permita volver a conectarse con su origen divino, e integrarse en la consciencia de unidad.

El ser humano es creador de la realidad y vive en un universo consciente que responde a su mente, y a la vez, es capaz de captar el flujo de la vida, por su contacto con la Naturaleza. Estos procesos son dimensiones ocultas, pero que sirven para experimentar el amor, la verdad, la belleza y la sabiduría, entre otros valores, que son dimensiones naturales de la existencia. Tenemos que situar al ser humano en el lugar que le corresponde, dentro de un cosmos de miles de millones de años luz.

La Escuela Galáctica proyectará una nueva visión del mundo y funcionará como un todo, impregnando al alumno de una conciencia planetaria, donde su corazón sincronizará con el universo y experimentará el amor universal. El sentido de nuestra existencia forma parte de un engranaje colosal que se desarrollará en perfecto orden y armonía. A los docentes que imparten sus enseñanzas en la actualidad, les pediría con mucho cariño, que se esfuercen por adaptarse al mundo que llega, y que no pretendan seguir anclado en un mundo que se va.

El mundo existe dentro de nosotros, cuando funcionamos como un todo, pero no somos conscientes.

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